viernes, 27 de marzo de 2015

Me enseñaron










     Me muestro a pecho descubierto, a corazón abierto,
     sin miedo y al pasar del tiempo
     me voy sintiendo desvalida,  asustadiza,
     de toda mi bravura me arrepiento.

     Me enseñaron a cerrar conmigo dentro,
     a no escuchar ni escucharme,
     a desconfiar de la lluvia  y del viento
     a sufrir y correrme silenciosa sin sentirme adentro.

     Me dijeron que era vaquifoca y machorra
     indómita y posesiva,
     que la mejor defensa era un ataque
     que callará hasta que las gallinas measen.

     Todo esto me trae tu silencio
     y entiendo que no es
     ni falta de bravura ni miedo lo que siento,
     lo que escucho es recuerdo.




Amarillo envolvente




Miel convexa en tus ojos,
que en los de ella se ven de un amarillo envolvente.

Coros feministas entre los vientos de aurora
y la cobardía de ayudar.


Guitarra callada de cinco cuerdas
tocando sin saber peras y manzanas.

Niña gafuda sin sentimientos vinculantes
en esta primavera de clítoris disparado.

Absurda sincronía disonante
que enredo a kairos entre tus dientes
pudiéndolo  hacer entre nuestros labios.





lunes, 19 de mayo de 2014

El tigre y la águila




Ella, disfrazada de tigre, intuye colores equivocados en el fondo de sus ojos.
Busca la paz solitaria y se pierde entre líneas.
A veces encuentra agujeros por los que colarse,
rendijas en las que meterse hasta entrar dentro y volver al vientre,
ese dulce vientre, donde escucha latidos que acompasan los suyos.



Él se sabe águila, venido de un lugar cálido, y sus ojos contienen el azul del hielo.
En su mente sobrevuela altas montañas,
que después dibuja con un lápiz del número tres.
Tan deprendido, tan anti, se zambulle en la economía
y suspira por monedas que le ayuden a rendir cuentas con su propio destino.


Compañeros, amantes cibernéticos, deconstruyen el amor a golpe de emoticonos.
Intercambian estampas propias rodeadas de satélites
y se propulsan valientes sobre ellos:
Satélites que se pierden, satélites que se enganchan,
satélites que vuelan alto y caen de nuevo.